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Críticas

Virginia Rivera, en su variada producción, exhibe la percepción de un mundo verídico pero también onírico, alegórico y lleno de guiños y símbolos de diferentes realidades. Su obra exhibe personajes que se encuentran en este mundo pero en clave alegórica, o bien parecen procedentes del mundo de los sueños o de otras dimensiones. Estas se cruzan en determinadas obras, en las que los elementos descriptivos atenazan en una realidad que va más allá de los límites, en la que muestra las diversas facetas de la misma.

El mundo es confluencia de seres y cosas, naturaleza y edificios, que poseen un regusto histórico, especifico, extraño, alejados de lo cotidiano, buscando describir otras cosas diferentes de lo conocido.

Su obra es simbólica. En el sentido de interpretar claves que abren puertas a los misterios que nos ayudan a comprender más allá de las acciones.

No le interesa la acción por la acción misma sino ésta en función de estancias y seres, elementos y percepciones que se hallan en extrañas dimensiones o en momentos de una complejidad aparente.

Joan Lluis Montanè (Asociación Internacional de Críticos de Arte)

El verdadero artista es la antena de su tiempo, nadie mejor que él capta lo invisible que circula por una época y nadie lo revela mejor a los otros hombres.

Virginia como surrealista, no se resigna, es esencialmente disconformista y partiendo del principio de que la fuente de todo conocimiento está en el interior del hombre, observé como se sumerge en su propio espíritu, atravesando el plano de lo racional, y allí en lo más hondo de su yo, encuentra el mundo. Por eso compartimos el pensamiento de que admitir como real sólo las apariencias sensibles equivale a reducir al mundo y limitar las posibilidades del hombre.

Por eso Virginia, haremos con el arte y la conciencia segura que el mundo sea un poco más hermoso y mejor por haber vivido tú en él, y así el amor será nuestra venganza.

Julio Alessandroni (artista plástico argentino)

Diseño y composición surrealistas, y un elemento inesperado, dan muestra del prodigioso talento de esta creadora impar, que no vacila en incorporar a su obra el siempre ácido condimento del humor, graduado en dosis inteligentes y generosas.

Porque la artista, de temperamento inquieto y disconforme, no puede llamarse contenta ni satisfecha con las recetas comunes, auún con las que suelen dominar en los panoramas plásticos habituales.

Los dos personajes que aparecen en primer plano (con diseño atrevido y riesgoso, en que afloran los elementos de raigambre puramente surrealista) se increpan agudamente sobre lo que están haciendo en semejante lugar vestidos de la estrambótica manera en que lo están. Rostros sin expresión definida y piernas ortopédicas que no han de servirles para dar precisamente los pasos que no desean, constituyen todo su bagaje, como están, por la fantasía y el del compromiso, ambos elementos inconciliables con la seriedad y la palabra que alguna vez puede haber sido pronunciada por ellos. Excelente trabajo que hoy nos acerca esta fina pintora.

César Magrini

«…Son mayoría, los jóvenes que como ella están dando dura batalla a una estructura social universal que intenta despersonalizar y degradar al ser humano, instándolo entre otras cosas a perder los atributos que más lo diferencian de las bestias, su capacidad de amar. Esta lucha sin duda desproporcionada, la entablan los jóvenes a todo nivel y en todos los ámbitos, con medios que muchos ya olvidaron que existen… Su necesidad de fe, fe en el respeto por uno mismo, esfuerzo individual constante, valorización de su propia estima… Y defendiendo la integridad de su libertad…

La pobreza y marginación ya no son enfermedades que «se contraen» a través de la pereza, la falta de responsabilidad o por ausencia de espíritu de lucha. Hoy son enfermedades inyectadas por brillantes “médicos económicos” cuyos fallidos actos logran en definitiva, destruir la posibilidad de un mundo mejor condenando a los más desprotegidos a la desdicha, el hambre y las pestes.

La única esperanza de cambio es el amor que engendra cada uno, y se participa en el otro, y los trasciende a ambos, generando la energía necesaria para vencer la estupidez…

Que sea difícil o nos parezca utópico, no nos exime de la responsabilidad que tenemos de intentarlo.

Esto tuvo como punto de partida la obra «Mundo»…

Comentario sobre la obra Mundo por el periódico El Aguará (diciembre de 1988)

William Shakespeare nos enseñó en «El mercader de Venecia» que «la vida es un teatro donde cada quien juega su papel». Virginia Rivera parece haberle puesto imagen a esas palabras cuando plasma escenas donde la presencia de lo ilusorio es protagonista.

En el teatro, la pintura está resuelta a la manera de un friso; en ella se alternan en un mismo plano elementos figurativos y abstractos. Se destacan así cuatro mujeres interpretadas con gran feminidad a través de sus anatomías sugerentes, y que se mantienen ensimismadas en sus posiciones. Una quinta mujer asoma tímidamente entre la preponderancia de ornamentaciones circulares. El cuadro dialoga con sus propios elementos, entre formatos figurativos y abstractos que podrían recordarnos los fondos decorados de las obras del genial Gustav Klimt.

La artista disfruta del acto de pintar y el contemplador recrea los interrogantes que origina la enigmática escena, como si surgiera del mundo de los sueños y en la que las diferentes partes se articulan hacia un sentido a descifrar. Virginia Rivera parece decir con sus formas y colores «Carpe Diem» (goza de este día).

Julio Sapollnik (critico de arte)

La obra de Virginia Rivera presenta imágenes de fuerte tono dramático y subjetivo. La pintura es, para esta artista, un modo certero de abordar las tensiones del mundo en el que está inmersa; trabaja en series. Cada creación enfrenta al observador, lista a provocar el sentimiento, con esa mirada crítica no exenta de sarcasmo. Interesada en la cultura, estudiosa de la historia, subyace en los trabajos de esta artista la visión comprometida con una región pampeana densa de historia, que sigue ofreciendo datos para la exégesis. Su incursión en la pintura histórica, a través de las ilustraciones del libro «Hechos que no se llevó el tiempo»’ de Hebe Uriarte y Nieves Castillo, conforma un conjunto de témperas de particular calidad pictórica, que evoca el mundo de los indios ranqueles. La pintura «Pastiche» de la serie: «Mezcladas», alude al mundo femenino, en un tono en donde equívocos rasgados de humor aparecen junto a la deshumanización de las figuras mutiladas. En esta composición, abigarrada de referentes y alusiones, la autora conjuga color y dibujo en una organización simétrica que acentúa la expresión hostil de las figuras. Virginia Rivera reafirma, en forma permanente, su compromiso con la pintura, desde un mundo interior pleno y profundo.

Sarah Guerra

Virginia Rivera dibuja y pinta mundos caóticos e infinitos. Un caos que perturba nuestra visión y nos compromete. Dentro de este panorama, se afirma el amor y la belleza.

Las mujeres se presentan en casi toda su obra, son mujeres que avanzan juntas, aunque llegan cansadas, completamente deshechas pero siempre van hacia adelante.

No son mujeres de pasarela, son mujeres que están en la búsqueda constante de una nueva posición. Sus cuerpos desobedecen la línea que marca la pasarela.

Todas ellas «siguen siendo», ninguna resulta acabada, no hay espacio para los puntos finales en los ruedos de sus vestidos.

Las últimas mujeres de Virginia andan por el aire, parecen más livianas, más libres, más etéreas. Manifiestan una poética distinta, sin embargo como en toda la obra de Virginia Rivera, las mujeres «van siendo» y nadie puede permanecer tibio frente a ellas.

María Fogazzi